Hace unos años, no muchos, solía coger el metro para ir a trabajar, hoy ya me gustaría. Línea 6 un ratito para hacer trasbordo a la línea 5 y por fin el destino diario. A las 6:30 de la mañana hacía el trasbordo de líneas y os puedo asegurar que se dejaba notar. Se pasaba de unos vagones, anchos y bien iluminados a los viejos y traqueteantes vagones de la línea 5, la verde como la llamaba la gente.
Aunque a esas horas era fácil sentarse muchas mañanas me pegaba a las paredes del vagón y me leía esas pegatinas de vinilo en las que aparecían impresos retazos escogidos de nuestra literatura.
Recuerdo perfectamente el primer vinilo que leí, en el que junto a un gracioso dibujo aparecía un título que me llamó la atención: “El cocido en verso”. Magnífica idea, pensé, a las seis y media de la mañana y ya pensando en la olla, pero cuando rompí ese natural prejuicio mañanero, comencé a leer aquel texto y, desde aquel día volvía a releerlo hasta que llegue a memorizarlo sin querer. Hoy me he acordado de aquellos versos y… aquí los tenéis.
“Con medio quilo de vaca
Aunque a esas horas era fácil sentarse muchas mañanas me pegaba a las paredes del vagón y me leía esas pegatinas de vinilo en las que aparecían impresos retazos escogidos de nuestra literatura.
Recuerdo perfectamente el primer vinilo que leí, en el que junto a un gracioso dibujo aparecía un título que me llamó la atención: “El cocido en verso”. Magnífica idea, pensé, a las seis y media de la mañana y ya pensando en la olla, pero cuando rompí ese natural prejuicio mañanero, comencé a leer aquel texto y, desde aquel día volvía a releerlo hasta que llegue a memorizarlo sin querer. Hoy me he acordado de aquellos versos y… aquí los tenéis.
“Con medio quilo de vaca
y diez céntimos de hueso,
un cuarterón de tocino
y un buen chorizo extremeño
y garbanzos arrugados
que ensanchan en el puchero,
sale en mi casa un cocido
que nos chupamos los dedos.
Cuando quiera usted probarlo
a las doce lo ponemos
que a la española se come
el cocido madrileño.
Téngame usted por su amigo,
Joaquín García Cornejo,
fábrica de mariposas
en la calle de Toledo.”
Autor: José Fernández Bremón.
Ánimo que el fin de semana se presenta lluvioso y propenso a la degustación de unos de los platos madrileños más famosos.
Y si os ha gustado el texto de Bremón, a principios de año se reeditó un libro de cuentos suyo muy apreciado: “Un crimen científico y otros cuentos”, Madrid - Lengua de Trapo, 2008
.jpg)
Y si alguno tiene dudas, y a pesar de que el tamaño no importa... Véase la escenificación del tamaño ideal que nos muestra la "Olivia de San Blas" Luego aclaró que el tamaño no era exactamente ese, que podía variar unos milímetros, pero ese es el que más gusta. Esta afirmación y escenificación la realizó ¿después de ver el níscalo del “Zipi” y los de la cuadrilla micológica? o cuando se hablaba de ¿?